EL DERECHO A REPARAR
UNA POLÍTICA MÁS ALLÁ DE LOS OBJETOS
Volumen 1, Artículo 4
Un texto de Cristina Vázquez Santos, basado en el resumen elaborado por Javier Lloveras Gutiérrez
Inspirado en el artículo científico de Javier Lloveras (Universidade de Vigo), Mario Pansera (Universidade de Vigo) y Adrian Smith (University of Sussex) On ‘the Politics of Repair Beyond Repair’: Radical Democracy and the Right to Repair Movement, publicado en la revista Journal of Business Ethics (2025).
Aparentemente no tienen mucho que ver, sin embargo, una serie de acontecimientos, en apariencia cotidianos, ha hecho que las vidas de Noa y Xosé se crucen, y que sus destinos queden unidos por un interés común. Vamos a poner en contexto a nuestras protagonistas:
Noa vive en una parroquia rural cerca de Negreira. Estudió empresariales en Santiago, pero su corazón siempre ha estado ligado a su aldea. Así que allí volvió en cuanto terminó la carrera para unirse a la cooperativa agrícola que crearon su abuela y su abuelo hace más de 30 años, y por la que Noa siente un gran orgullo. Hace unos días, Noa notó a su padre algo disgustado cuando se sentaron a cenar y le preguntó qué le pasaba. Antonio, que así se llama su padre (aunque casi todo el mundo lo conoce como Toñito), le contó que estaba en una de sus fincas trabajando la tierra y que, de repente el tractor, un John Deere, empezó a hacer sonidos raros. Algo iba mal. En principio no le dio mucha importancia, Toñito es un auténtico manitas y un apasionado de la mecánica, y no dudó en que, fuese lo que fuese lo que había fallado, seguro que no tendría problema en solucionarlo él mismo. Pero su sorpresa fue que, cuando llegó al garaje dispuesto a reparar su flamante bólido (Toñito quiere a su tractor como un futbolista a su descapotable), descubrió que no era posible hacerlo. Tenía las piezas y los conocimientos necesarios, pero John Deere utiliza candados digitales que garantizan que la reparación de su maquinaria deba pasar siempre por su red.
– ¿Cómo es posible? – se indignó Noa. – ¡Es absolutamente injusto! ¡Nos restan autonomía y nos ponen en manos de una gran multinacional, no debería ser así!
Noa aún no lo sabía, pero acababa de convertirse en una joven activista…
Vayamos con nuestro segundo protagonista: se llama Xosé, y es un ecologista empedernido. Desde que tiene uso de razón siempre ha sentido una gran sensibilidad por los problemas que afectan a la madre Tierra, así que trata ser lo más coherente posible con sus principios y valores, y vivir de forma acorde a ellos. Esto también lo aplica a su forma de consumir, por lo que intenta evitar comprar más de lo que necesita y aprovechar al máximo la vida útil de sus cosas, ya sean ropa, tecnología, calzado o lo que sea. Hace unos días su teléfono se estropeó. Es un iPhone heredado de su hermano que, al contrario que él, no tiene ningún reparo en cambiar de móvil en cuanto sale un nuevo modelo, aunque el suyo funcione perfectamente. «Qué fastidio», pensó, «tendré que llevarlo a reparar». Así que allá se fue a la tienda de reparaciones de su barrio, a la que ya había llevado algún móvil anteriormente, cuando era más joven. Y aquí aparece el problema: en el taller de reparación le dicen que no es posible arreglarlo. Los modelos más modernos de iPhone sólo permiten que las reparaciones se hagan en sus propios talleres, y no existe ninguno cerca de su casa, tendrá que enviar su dispositivo a Madrid y pagar un auténtico dineral.
¿Os suena el problema? ¡Correcto! Al igual que le sucede al padre de Noa con su tractor, Xosé tampoco puede reparar su teléfono por sí mismo. Pues ya tenemos las situaciones cotidianas de las que hablábamos cuando dijimos que las vidas de nuestros protagonistas iban a cruzarse. Veamos ahora en qué punto se encuentran.
Aunque Noa ya ha acabado sus estudios, de vez en cuando le gusta acercarse a Santiago y quedar con sus amistades de la carrera. Suelen verse en un café que hay cerca del campus, uno de esos modernos, pero no pijo, agradable, donde con frecuencia organizan actividades y conciertos. Allí ha visto un cartel. Anuncian una charla sobre una cosa de la que nunca ha oído hablar antes: el derecho a reparar (R2R, lo llaman, por sus siglas en inglés: Right To Repair). Y el tema ha llamado inevitablemente su atención, porque ha recordado el disgusto de su padre por no poder reparar su tractor. Así que decide que asistirá a la actividad.
Xosé está cursando un máster en sostenibilidad ambiental en el que estudia cuestiones relacionadas con el medio ambiente desde muy diferentes perspectivas. Esta semana ha venido a darles clase un profesor invitado, Hugo nosequé (Xosé nunca ha sido muy bueno reteniendo nombres). Les ha estado hablando sobre tecnología y medio ambiente, y les ha invitado a asistir a la charla que va a dar en un bar próximo al campus al día siguiente.
Seguro que ya lo habéis deducido: hemos llegado al lugar donde las vidas de Noa y Xosé se cruzan: el café «moderno, pero no pijo» al que suele ir Noa con sus colegas.
Aunque ambos llegan antes de la hora de inicio de la actividad, el local ya está bastante lleno, así que Noa y Xosé se sientan en dos sitios contiguos que quedan al fondo del bar. Al poco rato una mujer de mediana edad, que parece ser la dueña del local, pide silencio a las personas que se han dado cita allí y presenta al invitado. Se llama Hugo y, además de profesor universitario e investigador, es experto en esa cosa tan extraña de la que ni Noa ni Xosé habían oído hablar antes con nombre de personaje de La Guerra de las Galaxias: el R2R. Hugo se mete al público en el bolsillo desde el primer minuto, no sólo por su simpático acento (no lo habíamos dicho, pero Hugo es brasileiro) sino por la pasión con la que habla del tema. Les explica que el derecho a reparar es un movimiento que ha ido ganando fuerza debido a que, desde hace ya algunos años, un hecho tan cotidiano como arreglar un objeto se ha ido convirtiendo en un privilegio con grandes restricciones. Empieza su charla poniendo un par de ejemplos:
– Durante la pandemia, un hospital quiso reparar un ventilador vital. Disponían de personal técnico capaz de hacerlo, pero el manual y los repuestos estaban reservados a la empresa proveedora del ventilador. Y cualquiera que haya intentado cambiar la batería de un teléfono moderno conoce la frustración: piezas bloqueadas, advertencias de que se anula la garantía… – Xosé se reconoce en este punto – Frente a esto, la sociedad se está organizando. Agricultores, ecologistas, talleres, asociaciones de pacientes y consumidores se unen bajo una consigna sencilla: si lo compramos, deberíamos poder arreglarlo.
– Lo interesante de este movimiento – continúa – es que no trata solo de ahorrar dinero o reducir residuos. Habla de algo más grande: de quién controla la tecnología en la que basamos nuestra vida, de qué significa ser dueño de lo que usamos, y de cómo la democracia se juega también en los objetos cotidianos. – explica.
Hugo continúa con su apasionado discurso. Les cuenta que, durante décadas, la tendencia habitual fue la obsolescencia programada: fabricar productos con vida útil corta para fomentar nuevas compras. Esto ya era polémico, pero al menos se entendía: se trataba de vender más. Hoy la situación es más inquietante. Muchas empresas han adoptado lo que se conoce como assetization (del inglés asset, que significa activo económico): convertir cada producto en la puerta de entrada a un flujo continuo de ingresos. El objeto ya no se concibe como algo que compras y posees, sino como un activo que genera rentas permanentes para el fabricante mediante reparaciones oficiales, actualizaciones, suscripciones o seguros. Por ejemplo: Rolls-Royce no vende motores de avión, sino que los alquila junto con contratos de mantenimiento. ¿Por qué es interesante este cambio? Porque revela que la reparación ya no es un detalle técnico: es el corazón de un modelo económico.
– No se trata de que los productos duren menos, sino de que nunca escapen al control del fabricante. Entender esto ayuda a ver por qué el derecho a reparar es tan conflictivo: – prosigue – porque toca el centro de un sistema de negocios multimillonario.
Lo fascinante del R2R es que reúne a actores muy distintos (ya hemos dicho que Noa y Xosé en apariencia no tienen demasiado en común, y aquí los tienes, juntos en este café, completamente entregados a las palabras de un simpático brasileiro). Pero lo que todas las personas que forman parte del movimiento tienen en común es que sienten que pierden autonomía cuando no pueden reparar.
– Sin embargo, – dice Hugo – el «derecho a reparar» funciona en realidad como un concepto en principio vacío que cada persona llena con sus propios significados y que sirve para unir fuerzas contra un adversario común. De esta forma, se identifican cuatro marcos diferentes que dotan de contenidos distintos al R2R:
El primero es la defensa del consumidor: reparar significa ejercer la propiedad y ahorrar dinero. Este discurso conecta con valores muy familiares en las sociedades de mercado —libertad de elección, competencia justa, soberanía del consumidor— y ofrece legitimidad jurídica y política. – Noa se siente identificada rápidamente con esta visión.
El segundo es el de la sostenibilidad ambiental: reparar como estrategia contra el despilfarro y el cambio climático. Aquí el R2R se alinea con políticas de economía circular y aporta un sentido de urgencia ecológica. «Yo pertenecería a este grupo», piensa Xosé.
El tercero es el comunitario: reparar como práctica de cuidado y empoderamiento colectivo. Los «repair cafes» muestran que arreglar un objeto también es rehacer vínculos sociales: compartir saberes, recuperar autonomía, construir resiliencia local.
En este punto, Xosé, aunque le produce algo de vergüenza, levanta la mano y pregunta a Hugo qué es eso de los repair cafes.
Hugo le sonríe:
– Un repair cafe es un espacio comunitario donde se reúnen la gente para reparar objetos averiados como electrodomésticos, ropa, bicicletas, juguetes, u otros, con la ayuda de personas voluntarias expertas. El objetivo es reducir residuos, fomentar la sostenibilidad y compartir conocimientos técnicos en un ambiente colaborativo, distendido y gratuito. Si te interesa el tema, organizaremos uno aquí dentro de unos días, puedes animarte a probar – le responde con una amplia sonrisa.
Por último, les expone el cuarto marco identificado, conocido como tinkering creativo: reparar como motor de innovación abierta.
No se trata solo de devolver objetos a su estado original, sino de experimentar y transformar. Las personas que fabricaron respiradores con impresoras 3D durante la pandemia son un claro ejemplo.
Noa y Xosé están fascinados, aunque les preocupa que dentro de un mismo movimiento haya visiones tan diferentes. Como si les acabase de leer la mente, Hugo resuelve sus inquietudes:
– En conjunto, estos marcos hacen del R2R un movimiento plural y vibrante. Sus diferentes visiones y las tensiones que esto puede producir no son un defecto: son la fuente de su vitalidad. La defensa del consumidor da legitimidad en tribunales y políticas; la ambiental conecta con agendas globales; la comunitaria aporta raíces sociales; y la creativa proyecta futuros alternativos de innovación. La riqueza del derecho a reparar reside precisamente en navegar esas tensiones, manteniendo un frente común contra el monopolio de las grandes corporaciones, y es lo que da pie a lo que denominamos democracia radical. Pero me temo que hoy ya no nos dará tiempo a ahondar más en esta cuestión, tendremos que dejarlo para otro día.
Hugo llega así al final de su discurso, que finaliza dando las gracias a su entregada audiencia. Pero antes de marchar, les pide que se hagan tres sencillas (y a la vez complejas) preguntas:
– ¿Quién controla la tecnología? ¿Qué significa poseer algo en la era digital? ¿Qué tipo de sociedad queremos construir?
El público estalla en un fuerte aplauso, y Noa y Xosé se miran por primera vez desde que han llegado.
– Creo que vendré a ese repair cafe– le dice Xosé. No sabe por qué lo ha hecho. Suele ser bastante tímido y le cuesta hablar con personas desconocidas, sobre todo si son chicas. Quizás la excitación que siente después de todo lo que acaba de escuchar haya desbloqueado momentáneamente sus inhibiciones.
– Puede que yo también – responde Noa, haciéndose la misteriosa, aunque tiene claro que irá seguro. «A lo mejor vengo con papá», piensa. No podrá llevar su John Deere, pero está segura de que la experiencia le gustará igualmente.
El bar vuelve a su bullicio habitual y Noa y Xosé se despiden, cruzando una última mirada. Uy esa mirada… ¿Puede ser que aquí haya saltado algunas chispas? Algo nos dice que esta puede ser la primera de muchas aventuras para nuestra fortuita pareja.
Agradecimientos:
El artículo On ‘the Politics of Repair Beyond Repair’: Radical Democracy and the Right to Repair Movement, publicado en la revista Journal of Business Ethics (2025), ha sido creado gracias a la ayuda Ramón y Cajal (RYC2021-034823) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; la ayuda MSCA Individual Fellowships (Grant Number 101066896) de la Comisión Europea; y al proyecto PROSPERA (GA 947713), financiado por el European Research Council de la Comisión Europea.
La investigación recibe fondos del proyecto ATTRACT (PID2023-147058NA-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER/UE, así como del programa Ramón y Cajal (RYC2021-034823-I) financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por los fondos NextGenerationEU/PRTR de la Unión Europea.