Democracia Radical

Volumen 3, Artículo 1

Un texto de Cristina Vázquez Santos, basado el el resumen de Javier Lloveras Gutiérrez

Inspirado en el artículo científico de Javier Lloveras (Universidade de Vigo), Mario Pansera (Universidade de Vigo) y Adrian Smith (University of Sussex) On ‘the Politics of Repair Beyond Repair’: Radical Democracy and the Right to Repair Movement, publicado en la revista Journal of Business Ethics (2025)

Es uno de esos días en los que llueve a mares y sopla un fuerte viento, que a veces llaman temporal, otras ciclogénesis y otras, DANA. «Algún día tendré que buscar la diferencia entre todas esas denominaciones», se dice Noa cuando entra en el local, cuya entrada está abarrotada de paraguas, algunos de ellos rotos. Deja el suyo (algo doblado, pero todavía funcional) junto al resto de víctimas meteorológicas y entra.  

No le gusta reconocerlo, pero ha estado algo inquieta desde que conoció a ese chico en la charla sobre el derecho a reparar a la que asistió la semana pasada y al que esperaba encontrar hoy en el repair café. Así que ahora que está allí, se siente algo decepcionada al no verle. Y algo estúpida. «¡Pero si ni siquiera sé su nombre!», piensa. Como aún es temprano, avanza hacia la barra, se sienta en un taburete alto y pide un café, apoyando en el asiento contiguo la bolsa en la que trae el objeto que pretende aprender a reparar. Aunque lo que la llevó a la charla de la semana pasada fue la frustración de su padre por no poder reparar su John Deere, no le pareció buena idea aparecer en el bar subida en un tractor (¡aunque hubiese sido espectacular!). Así que finalmente se ha decantado por llevar su secador de pelo, que hace unas semanas dejó de echar aire caliente, lo cual le hace perder casi por completo su funcionalidad. Esperemos que consiga arreglarlo porque con la que está cayendo ahí fuera, seguro que al llegar a casa le hará falta. 

Se ha quedado ensimismada pensando en sus cosas y no se ha dado cuenta de que alguien se ha parado a su lado. Se sobresalta cuando le tocan suavemente el hombro. 

—Perdona, no quería asustarte. No sé si me recuerdas. Nos vimos aquí la semana pasada en la charla sobre el derecho a reparar. Me llamo Xosé. 

Vaya que si te recuerda, Xosé… 

—¡Hola! No te preocupes. Es que a veces me quedo un poco pillada cuando pienso en mis cosas. Soy Noa. ¡Encantada! 

Ninguno de los dos sabe si debe darle dos besos al otro y titubean un momento. Finalmente optan por agraciarse simplemente con una sonrisa. Tímida pero sincera, en el caso de Xosé; amplia y luminosa como ella, en el caso de Noa.  

—Espera, que aparto la bolsa para que puedas sentarte. Ahí tengo mi joya para reparar hoy. Es un secador de pelo con más años que el hilo negro, pero la verdad es que siempre ha funcionado bien hasta ahora y me da pena tirarlo. ¿Qué traes tú? 

—Algo menos original y lamentablemente más moderno —responde Xosé—. Se me estropeó el teléfono hace un par de semanas y viví en mis propias carnes lo que significa no tener derecho a reparar —bromea—. Resulta que sólo los talleres oficiales de Apple pueden arreglarlo, así que voy a ver si alguien por aquí sabe hacer magia y me libra de tener que comprar uno nuevo… 

—No sé a ti, pero a mí la charla del otro día me dejó la cabeza un poco volada. Todo eso del derecho a reparar me tiene muy intrigada. Pero me quedé algo inquieta con el tema de la democracia radical que mencionó al final.  

Noa siempre ha sido buena estudiante, buena hija, comedida y proporcionada, así que era esperable que la palabra «radical» le produjese algo de congoja. 

—A mí también me tiene flipado todo esto —le dice Xosé—. Creo que haré mi trabajo fin de máster sobre este tema. He ido a hablar con Hugo para saber si querría dirigírmelo y me ha dicho que sí. ¡Me hace mogollón de ilusión, la verdad! También me dejó muy intrigado lo de la democracia radical, así que le pregunté cuando me vi con él el otro día. Y no deberías inquietarte, en realidad es muy interesante y tiene todo el sentido del mundo. 

Xosé le cuenta a Noa la conversación que tuvo con Hugo en la reunión que mantuvieron un par de días atrás.  

—Me contó que las diferentes posiciones que se producen en el movimiento del derecho a reparar y que nos explicó el otro día (defensa del consumidor, sostenibilidad ambiental, práctica de cuidado y empoderamiento colectivo, o como motor de innovación abierta) no tienen por qué ser un problema que resolver, sino que son la esencia de la democracia. Eso es la democracia radical, y para entenderla hay que entender primero la hegemonía.  

—¿Hegemonía? Eso siempre suena un poco como a enfermedad rara… —bromea Noa.  

—Jaja. Puede ser, sí, pero la idea es más simple de lo que parece. En política no hay una única respuesta correcta que todo el mundo acepte. Por ejemplo, algunas personas creen que el Estado debe repartir más la riqueza y otras creen que no, y la preferencia por una opción u otra depende muchas veces de intereses distintos o de maneras diferentes de ver la sociedad. Quien es pobre puede querer un mayor reparto, quien es rico, menos, y las personas con ideas socialistas suelen defender más redistribución. A veces una de esas ideas se vuelve la más fuerte y empieza a parecer la más normal o la mejor. Eso sería la hegemonía —explica Xosé—. Pero, como no hay una respuesta única a los problemas, cuando una idea se vuelve dominante siempre quedan personas que no están de acuerdo, y por eso surgen conflictos. La democracia radical dice que esos conflictos no se pueden hacer desaparecer. Lo importante es que se expresen con debate y reglas, y no como una lucha entre enemigos. 

—Pues tan radical no parece, así dicho —dice Noa. Ambos se ríen.  

—Hugo dice que esta perspectiva es muy interesante por múltiples razones —continúa Xosé—. Por un lado, porque desenmascara la neutralidad aparente que existe en un terreno tan técnico como el de la reparación. Los fabricantes presentan sus restricciones como inevitables, diciendo que es por nuestra seguridad o para proteger la innovación. Pero el análisis que hacen desde la democracia radical muestra que, en realidad, todo esto son construcciones hegemónicas, es decir, formas de poder que se disfrazan de sentido común. 

—Por seguridad… ¡Vaya cara tienen! —interviene Noa, algo indignada. 

—Sí, son puro altruismo, ya sabes… —añade Xosé en tono burlón—. El caso es que, según Hugo, las controversias que se producen en movimientos como el derecho a reparar ponen de relieve la importancia del conflicto, en lugar del consenso, como motor para expandir la democracia. Al no ser un movimiento homogéneo, hay tensiones entre quienes lo ven como una forma de ahorrar, como una forma de reducir los residuos y el consumo, como una forma de construir comunidad, o como una forma de fomentar la experimentación e innovación ciudadana. Dice que la democracia radical permite ver que esas diferencias no debilitan al movimiento, sino todo lo contrario: lo hacen más vivo y resistente. 

—Interesante… Creo que usaré esto como argumento la próxima vez que discuta con mi madre. «La controversia es la base de la democracia, mamá, no es que te esté llevando la contraria por fastidiar…» —dice Noa con algo de retranca. 

—Jajaja. No sé si lo de la democracia radical aplica a los conflictos familiares —no sabe qué es lo que le pasa, pero con esta chica su habitual timidez se ha diluido enseguida, le está resultando muy fácil soltarse con ella—. Y otra cosa súper interesante también, y con esto ya dejo de darte la chapa, es que me habló de cómo su investigación muestra que la política de reparar siempre va más allá del destornillador, que arreglar un objeto significa también reclamar autonomía frente a monopolios, cuestionar el modelo de crecimiento ilimitado, o abrir la innovación a la creatividad social. Lo llamó “política de la reparación más allá de la reparación”. 

—¡Caray! ¿Pero tuviste una reunión o una clase magistral? Hacer el TFM te va a resultar pan comido —bromea Noa. 

—No lo creo —ríe Xosé—. Me temo que todo esto es mucho más complejo de lo que parece. Pero la verdad es que tengo muchas ganas de empezar a trabajar con él. Es un apasionado de su trabajo. Dice que esto del R2R y la democracia radical es algo que debería interesar a todo el mundo, porque habla de nuestra vida cotidiana y de nuestro futuro colectivo. Para la ética empresarial, implica que deben responder a demandas ciudadanas que cuestionan sus privilegios, abandonando la idea de que la responsabilidad se define por consensos internos o compromisos voluntarios. Para la política pública, significa no reducir la reparación a una pieza más de la economía circular, porque el derecho a reparar abre la puerta a imaginar alternativas más profundas al modelo de consumo actual. Y para la ciudadanía, recuerda que la democracia no se limita al voto, que también se manifiesta en nuestra manera de consumir, y en si podemos abrir, reparar y reapropiarnos de la tecnología que usamos. 

—La verdad es que no puedo estar más de acuerdo. En algún sitio leí una vez que consumir es una forma de manifestarse. En aquel momento no me paré a pensar mucho en ello, pero creo que se referían justamente a esto.  

Pues parece que podemos confirmar que estos dos han hecho match. Pero ¡venga, pareja! Que habéis venido aquí a trabajar.  

—Me parece que esto ya empieza —dice Noa, que se siente tan cómoda charlando con Xosé que el tiempo le ha pasado volando.  

Ambos cogen sus cosas y se sientan juntos en una de las largas mesas llenas de herramientas, dispuestos a intentar aprender a reparar sus cacharros. Lamentablemente nos tememos que sólo uno de los dos tendrá éxito. Las grandes compañías como Apple tienen el negocio bien atado. Pero habrá que intentarlo y seguir ejerciendo presión. 

 

La investigación recibe fondos del proyecto ATTRACT (PID2023-147058NA-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER/UE, así como del programa Ramón y Cajal (RYC2021-034823-I) financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por los fondos NextGenerationEU/PRTR de la Unión Europea.