Cofradías made in Galicia
Volumen 3, Artículo 3
Un texto de Susana Bastón Meira, basado en el resumen de Iria García Lorenzo
Inspirado en el artículo científico de Iria García Lorenzo (Universidade de Vigo), Manuel Varela-Lafuente (Universidade de Vigo), María Dolores Garza-Gil (Universidade de Vigo) e U. Rashid Sumaila (University of British Columbia, Canadá) Social and solidarity economy in small-scale fisheries: An international analysis, publicado en la revista Ocean and Coastal Management (2024)
La noche de San Juan es mágica. No es solo una fiesta: es casi un ritual colectivo. El 23 de junio, cuando cae el sol, playas y villas se llenan de fuego, humo de sardinas y gente hablando, riendo y esperando la medianoche para celebrar la llegada del verano.
Cíes llegó ese día por la mañana a la Isla de Ons, cargada con su curiosidad adolescente y con la ilusión de pasar otro verano junto a su abuelo Ramón. Sus amigas no podían entender que prefiriera irse de la ciudad para estar en un sitio donde, según ellas, «no había nada que hacer». Pero a Cíes le encantaba explorar cada rincón de la Isla.
Ramón, con su dorna, pasaba horas y horas en el mar. Su piel era dura, como si, con los años, el viento y las mareas formaran una costra de sal sobre ella. Desde que la Isla formaba parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas, acudía con frecuencia a las reuniones en las que se buscaba algo tan complejo cómo necesario: hacer compatible el uso de los recursos marinos con su protección.
Aquel día tenía una, así que le pidió a Cíes que fuera a deshacer la maleta con calma, que estaría de vuelta en un par de horas.
Mientras abría cajones y colocaba ropa, pensaba en lo orgullosa que se sentía de él. Ramón, que identificaba el mar de Ons como su lugar favorito, compartía todo su conocimiento con las personas que ahora tomaban decisiones sobre su gestión.
Aquel verano, Cíes comenzaría a entender que el mar no se cuida solo desde despachos o laboratorios, sino también desde la experiencia de las comunidades que viven de él.
Cuando Ramón regresó, ella no pudo evitar preguntar:
—Abuelo, ¿quién cuida realmente de este mar?
Él sonrió antes de responder.
—Este mar lo cuidamos nosotros, la gente de la Isla. Porque nadie depende tanto de que esté en buen estado como nosotros. Y los marineros defendemos eso organizándonos en cofradías.
Le habló entonces de esas organizaciones formadas por personas trabajadoras del mar que, de manera democrática, debaten y deciden sobre su actividad: como organizar las zonas de trabajo, cuando proponer vedas, que límites establecer para evitar la sobreexplotación pesquera o como resolver conflictos entre los diferentes sectores del mar. Todo con el objetivo de garantizar que la pesca siga siendo compatible con la conservación.
Le explicó que, en Galicia, la pesca artesanal no depende de grandes empresas ni de sistemas ajenos a las comunidades, sino que se estructura alrededor de las cofradías, uno de los sistemas colectivos más antiguos y únicos de Europa. En él, lo importante no es solo la rentabilidad económica, sino también mantener los recursos, asegurar condiciones de trabajo justas y proteger el medio de vida.
Ese modelo se basa en un equilibrio delicado: el conocimiento ecológico local, transmitido de generación en generación, se combina con los criterios científicos. Una forma híbrida de gestión que funciona porque integra voces diversas y pone la comunidad en el centro.
Ramón también le contó que había quedado muy contento cuando le dijeron que investigaciones de la Universidad de Vigo centradas en esa relación entre economía social y pesca artesanal, destacaron que Galicia era un caso pionero, siendo las cofradías un ejemplo de gobernanza inclusiva e innovación social en el litoral. Al parecer, existían otros lugares del mundo donde había cosas semejantes. Por ejemplo, en México existían cooperativas pesqueras con tradiciones parecidas, basadas en la gobernanza de los bienes comunes, en la vigilancia compartida y en el compromiso social. También había organizaciones similares en Portugal, Grecia o Croacia, basadas en la cooperación. E incluso encontraron un estudio en Argentina centrado en la perspectiva de género, destacando el rol de las mujeres en las familias que viven de la pesca y su papel para asociarse.
Hablaban de transiciones verdes y justicia ambiental, conceptos muy dispersos para Ramón, pero lo importante, lo que sí entendió, es que las cofradías eran un buen ejemplo. Decían que la pesca artesanal es un sector clave para el empleo, la seguridad alimentaria y la conservación de los ecosistemas marinos. Incluso la ONU declaró el 2022 como el Año Internacional de la Pesca y la Acuicultura Artesanales. La pesca de bajura en Galicia no solo promueve el consumo de alimentos del mar, pescado y marisco, sino que es una señal de identidad cultural. Es un sector en continua evolución, porque las cofradías están siempre dispuestas a abrir nuevos mercados, como por ejemplo el de las algas y los carallos de mar, que mandan para otros países donde su consumo está más valorado.
Cíes escuchaba en silencio, hasta que finalmente interrumpió:
—Abuelo, me encantaría seguir hablando de esto… pero ya va siendo hora de comer, ¿no?
Ramón rio.
—¡Pues claro! Mira que caballas tenemos hoy. Y esta noche, ¡la sardina moja el pan!
—¿Pan de maíz? Que rico abuelo —. respondió Cíes con la ilusión que la caracteriza.
—¡Claro! Aunque ya sabes que en la Isla no se pueden hacer hogueras, no hay razón para no darle la bienvenida al verano como se merece, Esta noche nos reuniremos todas las personas en el bar, y compartiremos cuentos, brindis y canciones.
Antes de entrar en la cocina, añadió:
—En una isla tenemos que ayudarnos entre nosotros. El mar es nuestra fuente de vida. No se protege con prohibiciones, sino con acuerdos. Los datos científicos son importantes, pero también lo es lo que aprendemos trabajando en él cada día. Mañana, cuando vayamos en la dorna, te enseño mis sitios favoritos para coger calamares.