LA JUSTICIA CLIMÁTICA

ESA GRAN DESCONOCIDA

Volumen 1, Artículo 1

Un texto de Aitor Alonso Rodríguez, basado en el resumen elaborado por Brais Suárez Eiroa

Inspirado en el artículo científico de Brais Suárez-Eiroa (Universidade de Vigo), David Soto-Oñate (Universidade de Vigo) e María Loureiro (Universidade de Santiago de Compostela) The responsibility of the EU in climate change mitigation: assessing the fairness of its recent targets publicado en la revista Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change (2024). 

Conocer el papel de la Unión Europea (UE) en la crisis climática pasa por hablar de justicia. Esto es algo que Francisca, profesora de geografía e historia, trata de enseñar a sus alumnas. Una de ellas, Marga, siempre tiene problemas para recordar las lecciones en el examen, y por mucho que se esfuerce, tiende a olvidarse de incorporar la justicia climática en sus ensayos. Como Francisca lo sabía, le propuso una tutoría para estudiar juntas la política climática de la UE.

La UE está implementando medidas para abordar la crisis climática, con objetivos ambiciosos como reducir un 55 % sus emisiones de carbono para el año 2030 y lograr la neutralidad de carbono para el año 2050.

– Sin embargo, bajo la punta del iceberg, se encuentra una realidad mucho más compleja —adelantó la profesora.

En la actualidad, el cambio climático se ha convertido en un problema mayor a escala global. Sus consecuencias se multiplican a través de las fronteras afectando ya a todas las sociedades del planeta: sequías extremas, incendios de magnitud nunca vista, olas de calor abrasadoras, millones de personas desplazadas a campos de refugiados…  La UE, consciente de la situación, y de que la única forma de afrontarla es a través de la cooperación global, ha asumido el liderazgo de las negociaciones. Marga lo sabe, se lo dijo a Francisca —quien se esfuerza en que la llamen Paca sin conseguirlo. Como buena profesora, Paca le señaló donde está incompleta su argumentación: se está olvidando de que la tendencia global de emisiones continúa siendo creciente. Y para explicarle por qué se produce esto, decidió recordarle una de las lecciones vistas en clase, una que englobaba cuatro características del cambio climático que es necesario tener en cuenta para poder responder a la crisis.

– Lo primero es que el cambio climático es un problema «colectivo». ¿Sabes qué quiere decir esto?

– Que todas las sociedades contribuyen y todas se ven afectadas por él —respondió Marga, segura.

Paca sonrió y continuó:

– Lo segundo es que es un problema de «límites».

– Si las emisiones conjuntas superan un umbral, las consecuencias serán irreversibles o muy difícilmente reversibles —contestó Marga automáticamente.

Paca volvió a sonreír.

– En tercer lugar, es un problema «acumulativo».

Esta vez, Marga necesitó pensarlo durante unos segundos antes de responder.

– Las emisiones se acumulan en la atmósfera e impactan durante muchas décadas.

– Bien. Y, en cuarto lugar, es un problema «distributivo» —concluyó Paca.

Marga no supo qué significaba esto último, y empezó a agobiarse.

– Las consecuencias se reparten de forma desigual, generando la paradoja de que las sociedades que menos han contribuido al cambio climático son las que más afectadas se ven, y viceversa —completó la profesora sonriendo—. Ahora bien, ¿cómo podemos integrar estas cuatro características en una cooperación global que consiga disminuir las emisiones? Marga, ¿qué es la justicia climática?

Marga se quedó en silencio, y empezó a recordar los comentarios en su casa diciéndole que no se plantee estudiar una carrera, que le será complicada, que no va a poder. Paca la animó; a fin de cuentas, estaba aprendiendo, y nadie nace aprendido.

– Para hablar de justicia climática —le dijo­— se necesita establecer límites a la cantidad de carbono que las diferentes sociedades pueden emitir a lo largo del tiempo.

Pero como esta explicación no acabó de cuajarle, le puso un ejemplo:

Imagínate que Pedro Sánchez, Donald Trump y Xi Jinping se suben a una nave espacial para dar una vuelta interestelar durante 100 años. Antes de partir, deciden asegurarse de llevar toda el agua necesaria para la travesía. Saben cuál es el total necesario para todo el viaje, pero además saben que hay que tener en cuenta cuatro características del agua.

El agua disponible es común, por lo que el problema es «colectivo». No se regenera, por lo que hay un problema de «límites». El consumo se hace a lo largo del tiempo, por lo que el problema es «acumulativo». Y las consecuencias de falta de agua podrían afectar de forma desigual si alguno de ellos tuviese menor tolerancia a la deshidratación o cayese enfermo durante ese tiempo, por lo que es un problema «distributivo».

Teniendo en cuenta esas cuatro características, definen unos «presupuestos» de agua: la cantidad que cada uno podría consumir durante esos 100 años. Si cada uno utiliza su parte, no habrá problemas, pero si alguno bebe de más otro beberá de menos, y sufrirá las consecuencias de la sed. «Puede llegar el caso de que esto sea necesario», piensan, «pero debe hacerse cooperando, negociando entre nosotros, acordándolo previamente. De no hacerlo así, los demás sufrirán injustamente por las consecuencias de nuestras acciones.»

La profesora vuelve al cambio climático y, utilizando el ejemplo, le explica a Marga que todas las sociedades se han subido a la nave interestelar Tierra para dar una vuelta de 100 años. Antes de subir, se han determinado las emisiones de carbono máximas que pueden emitir colectivamente sin incurrir en consecuencias horrendas para los viajeros. Este límite de emisiones conjuntas para los 100 años de travesía se ha calculado para evitar que la temperatura media en la nave no se incremente más allá de 1,5ºC. Saben que, por encima de esta temperatura, las consecuencias son tremendamente peligrosas. Sin embargo, a diferencia del viaje presidencial, en esta travesía no se han establecido «presupuestos» para cada sociedad, lo que ha resultado en que muchos países ya hayan superado las emisiones que les corresponderían, sin haber establecido ningún tipo de acuerdo previo.

Es aquí donde descubrimos lo que Paca quería enseñar a Marga: el papel destacado de la UE en el viaje de la nave. Si sumamos las emisiones de carbono a lo largo del tiempo de los países que constituyen la UE, vemos que, en conjunto, la UE ha emitido prácticamente cuatro veces más de lo que le correspondería. Pero, incluso si omitiéramos esta responsabilidad histórica y únicamente tuviéramos en cuenta las emisiones de carbono previstas entre 2021 y 2050 —etapa sobre la que se aplica la política climática europea—, las emisiones superarían en más de cinco veces lo que les correspondería. «Entonces, ¿cuál es la relación entre la política climática de la UE y la justicia climática?»

Paca le cedió un papel a Marga para que respondiese, teniendo en cuenta lo que acababa de enseñarle. Allí, Marga escribió:

Para hablar de justicia climática, la UE —y cualquier otra región del mundo— necesita repensar los cimientos de su política climática, integrando las características del cambio climático: es un problema «colectivo», de «límites», «acumulativo» y «distributivo». Las soluciones visibles en la punta del iceberg —lograr la neutralidad de carbono en 2050—, a pesar de ser valiosas, son insuficientes frente a la magnitud del desafío. A esto se suma que, si incluso la política climática más ambiciosa del planeta (la de la UE) es insuficiente, está claro que el problema global es muy serio. Es necesario un sistema de cooperación global que establezca pautas de acción ambiciosas que ayuden a solucionar la crisis climática. Además, la justicia climática debe tenerse en cuenta a la hora de diseñar políticas y definir objetivos que nos ayuden en esta dirección.

Tras acabar de leer la redacción, Paca le sonrió, devolviéndole el texto sin corregirle nada, lo que produjo en Marga una gran satisfacción. A Marga le gustaba como la profesora Francisca era capaz de unir las ciencias sociales con su preocupación con el medio ambiente. Lo que todavía no sabía era que no había hecho nada más que comenzar.

Agradecimientos:
Brais Suárez Eiroa, coautor del artículo The responsibility of the EU in climate change mitigation: assessing the fairness of its recent targets publicado en la revista Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change (2024) agradece la financiación del Programa de apoyo a la etapa de formación posdoctoral de la Consellería de Cultura, Educación, Formación Profesional e Universidades de la Xunta de Galicia, con la ayuda ED481B-2023-011.