El poder (y los dilemas) de la comunidad

Volumen 3, Artículo 5

Un texto de Ana García Quintana, basado en el resumen realizado por Daniel Aguilar Viñas

Inspirado en la tesis doctoral de Daniel Aguilar Viñas (Rotterdam School of Management, Erasmus University) Times of Contestation: Alternative Organizing and Community Entrepreneurship in a Fast-Changing Polarized World, dirigida por Thomas Bauwens (Rotterdam School of Management, Erasmus University), 2026

Menuda modorra. Son las cuatro de la tarde, Noa acaba de comer un plato de caldo gallego y no tiene ninguna gana de preparar la presentación que tiene que dar mañana en los seminarios sobre cooperativismo. Está preocupada. Cada vez hay más tensiones dentro de las cooperativas y otras organizaciones comunitarias que conoce. La verdad es que no sabe cómo enfocar la presentación, ¿debería dejar clara su posición respecto a los últimos debates políticos? ¿debería darle una mirada neutra a su relato… cómo si fingiese que no está pasando nada? Cada vez les cuesta más encontrar puntos de acuerdo, entenderse entre ellas, y a la vez hacer que el público general les entienda. Cuando tienen que tomar alguna decisión estratégica hay debates como siempre los hubo, pero un poco más violentos, con más dedos acusadores, con más personas que callan porque no se quieren meter en líos. Ahora les cuesta encontrar acuerdos sobre cuál es el problema, de dónde viene, pero sobre todo que hacer al respecto, qué decisiones tomar, cómo organizarse.  

Está confusa. La presentación trata sobre el papel de las empresas comunitarias frente los nuevos retos del 2026. Ella tiene claro cuál es el mayor reto: que a pesar de la inestabilidad y polarización actual se sigan organizando y cooperando sin perder su esencia, esa que persigue objetivos sociales y medioambientales a través de la actividad económica, aunque sus intereses, sus valores y sus posiciones sean diversos. No sabe cómo articularlo, no consigue organizar las ideas en su cabeza, solo quedan unas horas y tendrá que presentar. No quiere ponerse a trabajar, su cuerpo le pide echarse una siesta, ver los reels que le ha mandado Xosé, pero no, tiene que hacer esta maldita presentación.   

Al cabo de una hora, que ha pasado mirando la única diapositiva de su PowerPoint en blanco, recibe una llamada de su amigo David. Se conocieron en unas jornadas de cooperativismo hace dos años. Ella iba a presentar el trabajo de su familia, buscando abrirlo a la comunidad. Él estaba haciendo su trabajo de campo.   

David se está doctorando en la Universidad de Rotterdam, estudia cómo escalar el impacto social de las empresas comunitarias dentro de la transición ecológica en un proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación. SCENSUS se llama. De vez en cuando se llaman, para hablar de estas cosas, de la incomodidad, la tensión, los aires de cambio. También de la esperanza, de la importancia que tienen este tipo de organizaciones, de su resiliencia.   

Ey, te noto baja ¿estás bien? lo dice con calma, sin transmitir la preocupación que siente por escuchar a su amiga triste. Su amiga, la que se apunta a lo que sea, siempre que no sea ilegal; la que trabaja como una fiera; a la que ve en todas las conferencias; la que está un poco loca, pero que siempre tiene los pies en la tierra. Su amiga hoy está triste.   

Sí, estoy bien  contesta Noa.  Sólo estoy un poco preocupada, mañana tengo que hablar sobre los retos a los que se enfrentarán las empresas sociales los próximos meses y la verdad que sólo me sale decirles que el mayor reto va a ser mantenerse unidos en el caos. No sé. Tengo la sensación de que quieren que hable de oportunidades, de cómo Mercosur puede afectar al negocio, de cómo navegar la inestabilidad geopolítica. Pero sé que va a ser tocar uno de esos temas y la sala va a estallar, y yo me voy a quedar allí, pequeñita, sin nada más que decir, mientras los demás discuten. Mientras todo el trabajo de estos años se desintegra, y lo que nos unía queda atrás, escondido tras lo que nos diferencia.   

No te vas a hacer pequeñita, Noa. Entiendo cómo te sientes, todos estamos un poco destemplados con todo lo que está pasando. Te vas a dar una ducha y, cuando sales, una nueva catástrofe asola el mundo.   

Por eso mismo, no sé cómo enfocarlo. Si dar mi opinión al respecto, si ser más pragmática y ceñirme a los hechos sin posicionarme, no sé…   

Tu siempre has creído en el poder transformador de las empresas comunitarias, no deberías ahora dar un paso atrás. Yo creo que puedes usar tu presentación para recordar qué son, cuál es su rol y por qué organizarnos es tan importante en los tiempos que corren. Mira, puedes empezar explicando cómo en los últimos tiempos hemos sido testigos de poderosas expresiones de organización comunitaria alrededor del mundo. En la DANA, quienes acudieron primero fueron personas corrientes, que se organizaron de forma espontánea para rescatar, limpiar y reconstruir allí dónde las instituciones tardaron en llegar. Hace sólo unos meses en el País Vasco una amplia movilización ciudadana logró detener el proyecto Guggenheim en Urdaibai, una reserva de la biosfera de la UNESCO. No sólo nos organizamos aquí, en el resto del mundo también está sucediendo. En la Amazonía peruana, las comunidades Waorani lograron una victoria sin precedentes tras años de movilización: el cierre de una refinería de petróleo activa, la primera vez que esto ocurría en la historia. Y en Estados Unidos, cientos de movilizaciones espontáneas han surgido en los últimos meses en respuesta a las redadas de inmigración, demostrando que la solidaridad vecinal puede activarse con rapidez y fuerza.  

Ya David, las comunidades pueden ser transformadoras, pero también perversas. En tiempos recientes, movimientos que se están organizando para acosar a migrantes, promover el negacionismo climático, y luchar para quitar derechos a minorías y colectivos vulnerables tienen cada vez más apoyos. Obviamente el poder está en la comunidad, pero no quiero defender un ideal simplista sobre “el poder del pueblo” cuando la realidad es mucho más compleja Noa notó como la sangre empezaba a hervirle en las venas. Sabe que David solo tiene buenas intenciones, pero es que ella no quiere presentar mañana, solo quiere: echarse una siesta y ver los reels que le ha mandado Xosé.  

Te entiendo, Noa. Pero es que, en esa ambivalencia, en la posibilidad de organizarnos, ya sea para lo bueno o para lo malo, se encuentran las empresas comunitarias. Abanderando objetivos sociales y medioambientales en un mercado que lo único que prioriza es el beneficio económico y la acumulación de capital. Es normal que estes cansada y triste. Pero te recuerdo que somos la alternativa real a la lógica mercantil, no sé… Sólo en Alemania el 40% de la energía renovable instalada pertenece a ciudadanos y comunidades, dejando atrás a las grandes corporaciones, que sólo poseen el 6%. En Europa, más de 10.500 comunidades energéticas involucran a más de dos millones de ciudadanos en la producción y el consumo de energía renovable.  

No me estás entendiendo. Claro que las cooperativas, asociaciones y en general las organizaciones que formamos parte de la economía social y solidaria somos importantes. Sin embargo, si juntas nuestra naturaleza hibrida y la actual polarización, todo se complica. Necesitamos mantener nuestra legitimidad ante públicos muy diversos: miembros con diferentes sensibilidades políticas, instituciones públicas, financiadores y las comunidades donde operamos. En una sociedad donde los matices se perciben con recelo, mantener ese equilibrio para llegar a una mayoría social es cada vez más difícil. Mantener un perfil bajo e intentar contentar a todos ya no funciona. Si no te posicionas frente a las presiones políticas, puede interpretarse como complicidad, incluso indiferencia. Pero claro, si te posicionas abiertamente corres el riesgo de polarizar a tus propios miembros y perder apoyos sociales e institucionales, poniendo en riesgo nuestra viabilidad económica. 

Exactamente. Precisamente por eso debemos posicionarnos ahora más que nunca y organizarnos para defender los valores por los que nacimos. Estas últimas expresiones comunitarias perversas de las que hablas están creciendo como nunca, es verdad. Se está atacando el feminismo, el multiculturalismo, los derechos de las personas LGTBQI+, se cuestiona la existencia de la crisis climática…- David suspira, intentando mantener la calma- Y muchas organizaciones, organismos públicos y empresas que antes apoyaban estas causas ahora les dan la espalda cuando el viento cambia, e incluso terminan apoyando a esas comunidades perversas de las que hablas. Mira, por ejemplo, lo que ha ocurrido tras la llegada de Trump a la Casa Blanca el año pasado. Muchas empresas a las que antes les interesaban tanto las políticas de igualdad y diversidad dentro de sus organizaciones, en cuanto llegó, dieron un giro de 180 grados y abandonaron esas políticas. Ahí tienes a Meta, Pepsi, Walmart, Google o Amazon. Ahora, en lugar de destinar dinero a políticas de igualdad e inclusión, lo destinan a financiar a grupos que difunden mensajes sobre la inexistencia de las personas trans o sobre la supuesta desigualdad masculina a la que el feminismo radical nos habría expuesto, y a políticos y lobbies que están revirtiendo las políticas climáticas. 

David, nosotros no somos como ellos interrumpe Noa, intentando mantener a raya la tristeza, el enfado, la impotencia que siente al hablar de un mundo que cada vez se pinta más gris.  

No, no somos como ellos. Nosotros no fundamos nuestras organizaciones para defender valores sociales y medioambientales porque estuviera de moda o porque nos beneficiara económicamente, lo hicimos porque creíamos que era lo justo y lo correcto, y así lo seguimos pensando. No podemos abandonarlo porque los tiempos estén cambiando o por miedo a perder apoyo social e institucional –David suspira, dejando ver que, a pesar de la claridad de sus ideas, la situación también le afecta—. No sé Noa, si abandonamos nuestra misión, abandonamos nuestra razón de ser.  

Entonces… ¿qué harías tú? 

Creo que ahora toca dar un paso adelante y ser más explícitos que nunca. Claro que eso puede hacer que ciertos sectores nos ataquen por ello, pero también vamos a atraer a muchas otras personas que se sienten identificadas con nuestros valores y nuestra misión. Para mí el riesgo del que hablas puede convertirse en una oportunidad. Ahí es donde podemos crecer económicamente y crear tejido colectivo para frenar esta ola de polarización y odio que asola nuestras sociedades. 

Estoy de acuerdo contigo, David, y yo estoy por la labor de transitar ese camino, pero también entiendo que quizá no todo el sector lo esté. ¿Qué les digo? ¿Que deben posicionarse en determinados temas de una forma concreta, que es la que yo defiendo, cuando en realidad opinan diferente a mí? No puedo hacer eso. 

Noa, ahí lo tienes. El mayor reto este año no es decirles a las organizaciones del seminario qué hacer, sino recordarles qué es lo que las diferencia, qué las hace distintas, y por qué decidieron emprender el camino difícil de intentar cambiar el mundo y transformar la sociedad. A veces, navegar en la economía capitalista hace que las organizaciones comunitarias pierdan parte de su espíritu. Entre tantas presiones económicas para sobrevivir y cumplir con las expectativas del sistema, van diluyendo el propósito social inicial por el que se crearon, y acaban pareciéndose más a una empresa tradicional que busca la maximización del beneficio que a un agente de cambio social. Básicamente pierden su esencia, y quizás tú puedes ayudarles a que la recuerden. 

Con el teléfono en la oreja Noa sonríe. David ha dado en el clavo. Hace cinco minutos quería gritarle, pero ahora ha conseguido que vea esa diapositiva en blanco como un lienzo al que dar vida y no un espacio vacío en el que perderse. Con la voz de quién sabe que se ha equivocado, pero que jamás lo admitiría, le dice:  

Es una idea estupenda David. Creo que voy a hacer un taller, pero… ¡mierda! Necesito Post-Its, rotuladores… ¿qué hora es?  

Pues son casi las 5 ¿no?  

Ay no, tengo que irme volando a la papelería. Te tengo que dejar David, hablamos pasado mañana y me cuentas qué tal estás tú. ¡Muchas gracias por la idea! Eres genial. ¡¡Un beso!!  

Deja el teléfono en el escritorio, se viste y sale con los zapatos sin atar. Tiene una misión más importante que conseguir notas adhesivas. Tiene que recordar a las empresas comunitarias que hoy, con todo lo que está pasando, son más importantes que nunca. En un mundo donde la polarización erosiona el tejido social y fomenta el odio hacia colectivos vulnerables, lo que necesitamos son organizaciones capaces de canalizar la cooperación entre personas diversas para alzarse y defender los derechos y valores sociales que fuerzas cada vez más mayoritarias se empeñan en atacar y destruir.