¿QUE QUEDA DE LA INNOVACIÓN RESPONSABLE DESPUÉS DE GAZA?
Volumen 1, Artículo 2
Un texto de Aitor Alonso Rodríguez, basado en el resumen elaborado por Mario Pansera
Inspirado en el artículo científico de Mario Pansera (Universidade de Vigo) What’s Left of Responsible Innovation after Gaza? Ecocide, Epistemicide, and Genocide in Occupied Palestine publicado en la revista Journal of Responsible Technology (2025).
– La Innovación Responsable nació con la intención de pensar la ciencia y la tecnología de manera ética y democrática.
Era martes, y Paca estaba dándole clase de historia a los alumnos de segundo. Quería tocar un tema tan importante como grave, y optó por la óptica de la innovación debido al patrón histórico que se reflejaba a lo largo de los años: la innovación y la violencia colonial caminaban de la mano, generando herramientas de dominación que luego se exportaban al resto del mundo.
Pensaba en el colonialismo británico en Irlanda, y como se ensayaron métodos de violencia que fueron replicados posteriormente en África y Asia. En los experimentos del Imperio alemán en Namibia a principios del siglo XX. Ese ejemplo le helaba la sangre: campos de concentración contra el pueblo herero y nama. Predecesores que inspiraron el aparato del nazismo.
Podía pensar en más ejemplos, sin parar, y eso era lo que más le desagradaba. La organización del territorio durante el apartheid sudafricano, aquello denominado como «Bantustanes», territorios fragmentados y controlados que sirvieron para segregar a la población «no blanca», y que es un modelo que en el presente estaba siendo reflejado en…
– ¿Profesora, estás bien? – preguntó Marga.
Paca se pasó una mano por la cara, limpiándose los ojos, y sonrió.
– Llámame Paca, Marga, por favor. Sí, estoy bien, es solo que hoy vamos a tocar un tema complicado. ¿Qué pensáis de la innovación? ¿Juan?
Juan se sobresaltó.
– Pues a tope, ¿no? Quiero decir, está bien, mejor tecnología y esas cosas.
– Muy bien. ¿Alguien tiene una opinión diferente?
La clase se sumió en un silencio que confirmaba la opinión de Juan. Pero Paca no se veía satisfecha.
– ¿Alguien piensa en los problemas que puede traer la innovación?
Insegura, Marga levantó la mano.
– ¿Sí?
– Yo escuché el otro día sobre «Lavender».
– Muy bien. Buenísimo ejemplo. ¿Puedes explicarlo, por favor?
Marga tragó saliva. No le gustaba nada hablar delante de toda la clase.
– Bueno… no sé si lo entendí del todo bien.
Paca sonrió.
– Seguro que sí. – alentó a la alumna.
– Bueno… por lo que entendí es un sistema de inteligencia artificial empleado por el ejército israelí. Es un programa que elabora listas de palestinos señalados como «objetivos» para los bombardeos y avisa cuando están en casa con sus familias, aumentando deliberadamente las muertes de civiles.
Paca, quien siempre estaba sonriendo, había pasado a estar completamente seria. Sería y triste.
– Gracias Marga, este ejemplo me viene muy bien para introducir el tema del que os quería hablar hoy: la innovación suele presentarse como sinónimo de progreso, pero muchas veces se sostiene en la destrucción y el despojo. Dicha violencia, se presenta en tres niveles interconectados.
Paca cogió un rotulador y escribió en la pizarra:
- Ecocidio.
El ecocidio es la destrucción de ecosistemas en nombre del crecimiento. Un ejemplo de ello puede ser la minería de litio. También se puede ver en Palestina, en sus tierras salinizadas, en los pozos sellados con cemento y olivos arrancados por los colonos en los territorios ocupados.
Se volvió a girar a la pizarra y añadió debajo:
- Epistemicidio.
La eliminación de saberes y culturas. Esto ocurre cuando prácticas campesinas e historias locales pasan a ser consideradas «primitivas», y son sustituidas por soluciones tecnológicas corporativas. Podemos ver esto con la censura digital, borrado de archivos y negación de la memoria colectiva que estamos observando con Palestina. ‘Palestina nunca existió’, solia decír una de las fundadoras de Israel, Golda Meir.
Y, por último:
- Genocidio.
La eliminación física y el desplazamiento de pueblos. Por desgracia a todos nos suena el Holocausto, ¿verdad? Lo que Marga dijo antes es un ejemplo de cómo la superioridad tecnológica sirve de arma de exterminio. Gaza y Cisjordania, por ejemplo, han sido durante décadas un laboratorio para probar tecnologías de vigilancia, drones, sistemas de reconocimiento facial o armas autónomas, que después se venden en el mercado global como «probadas en combate». De esta forma, la ocupación y el genocidio se convierten en negocio. Es decir, y esto es muy importante que lo entendáis, cuando se crean armas diseñadas específicamente para matar, eso también es tecnología, y también es innovación. La innovación no es buena por naturaleza. La innovación no es neutral.
Paca dejó el rotulador en la pizarra.
– Con Palestina podemos ver como confluyen estas tres dimensiones. La vida cotidiana se convierte en material de experimentación, Israel presenta esta violencia como «innovación» y empresas tecnológicas obtienen beneficio económico. Y por desgracia, esto no es una excepción, sino una consecuencia extrema de cómo funciona la relación entre innovación y colonialismo en el mundo actual.
– Profesora, ¿es por eso por lo que surge la Innovación Responsable? – preguntó Marga, que había estado atenta al principio de la lección, y a quien el buen recibimiento de su participación le había animado a volver a hablar.
Paca enmudeció.
– Sí – dijo finalmente-. Pero ahora mismo, la comunidad científica que estudia la Innovación Responsable, prácticamente se ha quedado muda en lo que respecta al genocidio palestino. Cuando más se necesita una voz crítica sobre la responsabilidad de la innovación, la propia comunidad que se dedica a ello calla.
Los alumnos estaban completamente en silencio. Era la primera vez que veían así a su profesora.
– Al no pronunciarse, – continuó- la Innovación Responsable corre el riesgo de convertirse en una forma de «maquillaje ético» que legitima el sistema que dice cuestionar. Publicar guías éticas mientras se ignora la masacre en Gaza significa reforzar las mismas estructuras que sostienen gran parte de la innovación tecnológica actual.
Durante un minuto nadie dijo nada, y Paca no rompió el silencio: quería que el mensaje calase en sus alumnos. Hacía tiempo que dar una clase no le resultaba tan difícil. No solamente emocionalmente, que también, sino por la dificultad de transmitir el conocimiento con la importancia, y el tacto, que el tema requería.
– ¿Y qué se puede hacer? – preguntó Juan sin su desparpajo habitual.
Paca no respondió inmediatamente, quería asegurarse bien de lo que iba a decir.
– Lo primero es rechazar la idea de que la tecnología es neutral, algo que ya hemos visto antes. Lo segundo que se debe hacer es denunciar el papel directo de la ciencia y la tecnología en la opresión. Y lo tercero es construir alternativas. Alternativas basadas, por ejemplo, en la soberanía de datos, investigación desmilitarizada y, sobre todo, solidaridad con comunidades que resisten estas prácticas, dónde la tecnología se está aplicando de esta forma, y no callarnos ante su uso.
Paca miró a la clase con detenimiento antes de seguir.
– Con lo que quiero que os quedéis es con lo siguiente: La responsabilidad no está en cómo gestionar riesgos, sino en desmontar las estructuras que no valoran nuestras vida – vio como calaba el mensaje en sus alumnos-. Dentro de la ciencia, y de la Innovación Responsable en concreto – prosiguió–, es necesario un giro decolonial. Un giro que coloque en el centro a las perspectivas palestinas, indígenas y del Sur Global. Un giro que desafíe a un modelo de innovación que no le importa el «para qué» de sus innovaciones, donde lo importante no es que salve vidas o que mate, sino que aporte beneficio económico – Paca vio el reloj en la pared del aula-. Y, antes de acabar, quiero también que os vayáis con una pregunta para casa.
Sonó el timbre que anunciaba el final de la hora, pero nadie empezó a recoger.
– Quiero que penséis: ¿Puede existir algo llamado Innovación Responsable mientras sus comunidades, revistas y académicos callan frente a un genocidio tecnológico?
Agradecimientos:
El artículo What’s Left of Responsible Innovation after Gaza? Ecocide, Epistemicide, and Genocide in Occupied Palestine publicado en la revista Journal of Responsible Technology (2025) ha sido creado gracias al proyecto europeo PROSPERA (GA 947713), financiado por el European Research Council de la Comisión Europea.