NUESTRA TIERRA,
nuestros montes

Volumen 2, Artículo 8

Un texto de Ana García Quintana, basado en el resumen realizado por Damián Copena Rodríguez

Inspirado en el artículo científico de Damián Copena Rodríguez (Universidade de Santiago de Compostela) «No había más que tojos». Transformaciones socioeconómicas y resistencias en el monte vecinal de Galicia durante el siglo XX, publicado en la revista ÁREAS. Revista Internacional de Ciencias Sociales (2024).

Eran las siete de la mañana de un martes, pero Paca se despertó entusiasmada. Tenía muchas ganas de explicarles a sus alumnos cómo el mundo en el que se criaron se fue construyendo en base a acuerdos, imposiciones y conflictos. Pasarían la mañana en uno de los montes vecinales de Ponteareas donde Miguel, comunero e historiador, les explicaría cómo ha evolucionado el monte a lo largo de la historia.

Cuando llegó a la puerta del instituto, sus alumnos no estaban tan despiertos como ella. La media hora que les habían robado de sueño justo el día después de la gala de la Isla de las Tentaciones les parecía la mayor injusticia del mundo.

—La verdad es que prefiero ir de excursión a ir a clase, pero Paca, bien podríais habernos dejado dormir un poco más, ¿no ves que estamos creciendo y dormir es importantísimo? —se quejó Juan mientras bostezaba.

Justo en ese momento llegó el autobús, lo que sustituyó las quejas por las discusiones reglamentarias sobre quién iba atrás, quién se mareaba y tenía que ir delante, y un largo etcétera.

—Paca, ¿cuánto falta? Pero… ¿a dónde nos estás llevando? —exclamó Juan cuando apenas llevaban veinte minutos de viaje.

—Ya casi estamos, paciencia —respondió la profesora, un poco preocupada por si sus alumnos no disfrutaban tanto de la experiencia como ella se había imaginado.

Cuando finalmente llegaron, Miguel les esperaba con una sonrisa. Paca se tranquilizó al ver que él estaba tan emocionado por la excursión como ella. «A ver si entre los dos logramos transmitirles el interés a los alumnos», pensó. Se bajaron del autobús y se colocaron en forma de semicírculo alrededor de Miguel, quien empezó a hablar:

¡Hola! Mi nombre es Miguel, soy historiador y comunero de este monte. Hoy intentaré contaros la historia que esconden estas tierras, pero no historietas y leyendas sobre seres mágicos, maldiciones o apariciones divinas, sino la historia del monte y de sus gentes, de cómo las decisiones políticas y las protestas fueron construyendo esta comunidad vecinal tal y como la conocemos hoy en día. Si tenéis alguna duda o pregunta interrumpidme sin problema. Así que venga, seguidme, vamos a adentrarnos en el monte.

El olor a humedad se volvía más fuerte a medida que avanzaban entre los árboles. También podían escuchar el cantar de los pájaros, lo que fue despertando a Juan, que se había quedado pensando en las revueltas. Revolucionar a la clase o a sus primos en las comidas familiares era su especialidad, pero nunca había pensado en qué podría llevar a la gente a revolucionarse en el monte.

—¿Alguno de vosotros sabe qué son los montes vecinales?

—Son montes gestionados por la comunidad de vecinos, ¿no? —respondió Uxía con tono audaz.

¡Sí! Los montes vecinales son una forma de propiedad común en Galicia. Este tipo de montes representa un quinto de la superficie gallega y tienen unas características que los hacen especiales. Frente a los montes de propiedad pública o privada, los montes vecinales son bienes indivisibles, inalienables, imprescriptibles e inembargables. Además, están vinculados a la comunidad local, que toma las decisiones sobre lo que le pasa al monte en asambleas.

Juan se enfadó de golpe, y sin levantar la mano siquiera le preguntó a Miguel:

—Si los montes vecinales los gestionan las personas que viven cerca del monte, ¿por qué están llenos de eucaliptos? No tiene sentido, luego estamos siempre ardiendo – Paca lo miró con reprobación, pero no le dio tiempo a decir nada cuando Miguel, en tono tranquilo, respondió.

Es una muy buena pregunta, ¿cuál es tu nombre?

—Juan —respondió un poco avergonzado por cómo había interrumpido al guía.

—Pues, Juan, la verdad es que el monte ha cambiado mucho y su gestión no siempre es sencilla. Espero que mi explicación de hoy os ayude a entender mejor cómo ha ido evolucionando. ¿Alguna duda antes de que empiece a contaros esta historia?

Paca se giró buscando alguna mano levantada. Parecía que el comentario de Juan había despertado el interés de algunos de sus compañeros. Finalmente, le pidió a Miguel que continuase.

—A principios del siglo XX, el monte vecinal jugaba un papel fundamental en las áreas rurales. Los habitantes de la zona usaban el toxo para producir abono y así mantener la capacidad productiva de las tierras de cultivo; daba de comer a todo tipo de ganado, lo que permitía obtener carne, leche y lana; también se producían cereales, como el centeno, y se obtenía leña y otros materiales de construcción. Todas estas actividades generaban un equilibrio entre el mundo agrario y el monte muy diferente del que tenemos hoy en día.

—Oye, profe, una duda —preguntó Juan pensativo—. ¿Cómo hacían para plantar centeno, pastorear y todo eso con tantos árboles?

—Es muy buena pregunta, Juan. En los años anteriores a la Guerra Civil comenzaron a realizarse plantaciones públicas de pinos, eucaliptos y acacias en los montes que usaban los vecinos de la zona. Pero muchas de las áreas que ahora son arboladas, antes eran pastos o matorral. Este proceso de forestación forzosa generó conflictos, ya que muchos de los usos que realizaba la comunidad local, como el pastoreo, pasaron a estar prohibidos en estos montes.

—¿Qué tipo de conflictos?

—Pues sobre todo actos de resistencia y sabotaje, entre los que se encontraban incendios intencionados en aquellas partes del monte comunal que habían sido forestadas con especies de crecimiento rápido como las que ya hemos mencionado: eucalipto, pino o acacia.

—¿Y qué pasó después? Los comuneros recuperaron el monte, ¿no?

—Bueno, en parte sí, pero fue muchos años más tarde. Tras la Guerra Civil, el proceso de forestación se volvió masivo. El impulso del Patrimonio Forestal del Estado, impulsado por la dictadura franquista, supuso la forestación de miles de hectáreas en los montes vecinales. La comunidad perdió toda voz y voto, lo que supuso un cambio radical en el sistema de gobernanza de este tipo de montes. Este proceso fue el que posicionó la política forestal como instrumento para la penetración de la economía de mercado en las áreas rurales —Miguel hizo una pausa, miró a los alumnos por unos segundos y prosiguió—. Hasta el final del franquismo no se modificó la normativa para reconocer la propiedad vecinal del monte, y que permitió a las comunidades iniciar su recuperación. En el caso de este monte, la recuperación tuvo lugar entre los años 1979 y 1980. Al igual que el proceso de forestación, el de recuperación también fue conflictivo, ya que las autoridades locales se oponían al cambio de propiedad. Los vecinos, en contraposición, arrancaban eucaliptos y paraban talas en señal de protesta. Así que, la comunidad finalmente recuperó su monte, aunque este era un monte muy diferente al de principios de siglo. El coste de haber plantado especies de crecimiento rápido es muy elevado, dadas sus características resulta difícil reintegrar el monte con las actividades agroganaderas. Además, el entramado empresarial que se fue creando entorno a la actividad forestal no puede subsistir sin la materia prima que le proporcionan estas tierras.

—Pero entonces, si el monte ha cambiado tanto, ¿cuáles son las funciones de las comunidades de montes ahora? —comentó Uxía.

—Se han tenido que reinventar y utilizan los recursos económicos que obtienen del monte para generar empleo y financiar iniciativas que benefician a la comunidad, como el arreglo de caminos o la participación en entidades culturales y deportivas. Con un poco de creatividad e innovación están actuando como dinamizadoras de las áreas rurales y cada vez se pueden encontrar más ejemplos de innovación y buenas prácticas vinculadas con la sostenibilidad.

—Bueno, ¿tenéis alguna duda o comentario? —preguntó Paca, mientras disfrutaban del sol de última hora de la mañana. Tras la negativa de la clase, prosiguió – Vale, después de este paseo tan interesante os voy a amargar un poco la fiesta. Quiero que me escribáis una reflexión corta, con una carilla de folio me llega, sobre lo que habéis aprendido hoy. Escrita a mano, nada de Inteligencia Artificial. Recordad las tres ideas principales de lo que nos ha contado Miguel: la forestación del monte con eucaliptos, pinos y acacias empezó a principios del siglo XX; las comunidades sabotearon estos cambios de uso del monte; y, finalmente, al final de la década de los setenta consiguieron recuperar su control. Desde entonces, han ido adaptando sus usos a los tiempos que corren. ¿Alguna duda sobre la actividad que tenéis que entregar?

—No tengo ninguna duda Paca, pero siempre estas aguando la fiesta. ¡Nos traes de excursión para mandarnos deberes! Eres una sinvergüenza —contestó Juan en tono de broma.

—Bueeeno, no será para tanto. Venga vamos a comer, que hace un día muy bonito —contestó con una sonrisa.

Paca se estiró mirando al cielo. Estaba encantada con los resultados y con sus alumnos, las potenciales futuras personas comuneras, que poco a poco se habían mostrado interesados. Ahora solo quedaba disfrutar del picnic que les había preparado Miguel y volver a casa.