ENCENDIENDO LOS CUIDADOS

Volumen 2, Artículo 7

Un texto de Víctor J. Sánchez Juárez, basado en el resumen realizado por Stefania Barca

Inspirado en el informe de Stefania Barca (Universidad de Santiago de Compostela, CISPAC), Rocío Hiraldo (University of Oslo), Dunja Krause (antigua especialista del UNRISD), Eleonora Gea Piccardi (Centro de Estudos Sociais, Universidade de Coimbra) y Dimitris Stevis (University of Colorado State, Center for Environmental Justice) Just Transition and Care Work: An International Inquiry, publicado por UNIRISD – United Nations Research Institute for Social Development (2025)

—Otro día luchando contra molinos de viento —dijo Concha, desplomándose en el sillón.  Hoy en la Red de Transición Justa tuvimos un debate sobre qué entendemos cada una por «Transición Justa». Hasta ahí todo bien, pero cuando volví a hablar con el sindicato me frustré. Oye, parece que para algunos solo es justa si viste casco.

Marisa dejó los apuntes que estaba revisando a un lado. Sabía que cuando Concha usaba ese tono, había chispa. Concha llevaba unos meses haciendo girar cada conversación en casa sobre la Transición Justa. La idea de que cuando implementamos un cambio ecológico, debemos asegurar que no dejamos a ninguna población vulnerable atrás. Aunque Concha llevaba años trabajando en este concepto, desde el punto de vista de las industrias pesadas del metal, en los últimos meses estaba trabajando en la Red Transición Justa y Cuidados. Una red que expande el significado de la Transición Justa para incluir trabajos de cuidados y no tener únicamente en cuenta lo que se refiere al sector industrial. No era la primera vez que intentaba acercar nociones de la Red en la federación del metal de su sindicato y acababa teniendo desacuerdos con el resto de sindicalistas.

—Vamos a ver, explícame. ¿No eras tú quien decía que quienes llevan casco son siempre parte de la ecuación de la Transición Justa?

—Claro que lo son —concedió Concha—. Si yo soy la primera que entiende que los empleos de las fábricas son importantes y son dignos, pero es lo de siempre, que no somos las únicas personas afectadas por la Transición Justa. Esa idea nació precisamente de los sindicatos y la Organización Internacional del Trabajo para eso: para que no dejemos atrás a los trabajadores de los sectores contaminantes. Que si cierras una mina o una térmica, ofrezcas empleos dignos en energías renovables o en otros sitios. Es un avance, una innovación social, desde luego. No lo niego.

—Sin duda —asintió Marisa—. Cuando se hace bien, también puede ayudar a democratizar las políticas ambientales. Puede incluir a la gente en la conversación y tener en cuenta puntos de vista que vayan más allá de lo técnico. Yo qué sé, ya sabes que en las clases que doy en la Universidad vemos el coste ambiental de un producto, pero a menudo se nos olvida el coste social. La Transición Justa intenta corregir eso.

—Sí, pero el problema es que se está quedando corta —farfulló Concha, encendida—. Es como si solo viéramos el motor de un coche, pero nos olvidáramos de que necesita ruedas, aceite… y conductor. La Transición Justa se ha centrado tanto en la industria pesada – renovables, construcción, minería – que ha dejado fuera sectores esenciales.

Marisa arqueó una ceja.

—¿Como cuáles?

—Como todo el mundo de los cuidados —dijo Concha, golpeando suavemente el brazo del sillón para enfatizar—. La producción de alimentos a pequeña escala, la sanidad, la educación rural, los cuidados a mayores… Sectores históricamente feminizados, considerados «improductivos». Y, sin embargo, son de los que menos CO2 emiten y más responden a necesidades reales. Como tú dices, la riqueza no es solo el PIB, Marisa. Es bienestar.

—Ahí llevas toda la razón —reconoció Marisa—. Las cuentas nacionales no saben muy bien qué hacer con el trabajo de cuidados. Lo tratan como un costo, no como un generador de valor. Es una limitación inmensa del sistema.

—¡Exacto! —exclamó Concha—. Y esa es la primera gran limitación. La segunda es que la Transición Justa se guía por la «compensación», no por la «transformación». Se trata de recolocar a un minero, lo cual está muy bien, pero no de cambiar el sistema que infravalora a la cuidadora, a la agricultora o a la bombera forestal.

—¿Bombera forestal? —preguntó Marisa, sorprendida por el giro.

—Sí —dijo Concha, sacando el móvil. Hoy nos mandaron un informe de la red. Habla de Natalia, una bombera forestal cuyo sindicato denuncia la precariedad, los contratos temporales… ¡Es escalofriante! En Ourense, por ejemplo, a las unidades aéreas las despiden después de cada campaña de verano. Los agentes forestales necesitan trabajar en el monte todo el año para prevenir incendios, pero solo les pagan para apagarlos. Es la lógica del corto plazo: ver el fuego como una emergencia puntual y no como un problema estructural que necesita cuidado constante.

Marisa se quedó en silencio, procesando.

—Tiene sentido. Un incendio no es solo una tragedia ecológica y humana; es un emisor masivo de CO2. La prevención, por tanto, es una doble victoria: evita daños y crea empleo que, además, reduce emisiones netas.

—¡Eso es! Lo llaman «empleos climáticos» —dijo Concha, sonriendo al ver que Marisa conectaba los hilos—. La Red de Transición Justa pide inversión en prevención anual: crear cuerpos de extinción locales, permanentes y bien financiados. Que no sean estacionales. Que cuiden el monte todo el año. Así se evitan incendios y se genera empleo digno y de alto valor social en las zonas rurales, fijando población.

—Es brillante —musitó Marisa, mirando por la ventana hacia el monte—. Convierte el cuidado en el corazón de la transición ecológica. No se trata solo de cambiar de fuente de energía, sino de redirigir la inversión pública hacia lo que realmente sostiene la vida: los cuidados de las personas y del planeta.

Concha se acercó y se sentó a su lado en el sofá.

—Por eso a veces choco en la Red y en el sindicato. En la Red choco porque vengo de la lucha sindical del metal, donde lo importante eran los salarios y las condiciones en la fábrica. Pero las compañeras de la Red me han enseñado que la justicia es más amplia. Incluye a quien cuida a tu abuelo, a quien planta tu comida y a quien protege el monte para que no arda. Esa es la transición que de verdad importa. La que pone la vida en el centro. Luego, en el sindicato choco porque explicarles a personas que llevan años luchando bajo la bandera de la Transición Justa que su forma de ver las cosas es limitada, parece que les duele. ¡Sí, lo entiendo! A mí me costó mucho entender por qué la Red hablaba tanto de los trabajos de cuidados. Lo único que quiero es hacer entender al resto del sindicato que esto no va de protagonismos. Que podemos hacer campañas por la Transición Justa que incluyan varios grupos sociales. Al final, lo que queremos no es ganar un acuerdo en un sitio y un convenio en otro, queremos transformar la economía. Queremos un mundo del trabajo mejor.

Marisa tomó la mano de Concha.

—Es el engranaje que le faltaba a la economía. El motor de los cuidados. Y parece que acabas de encenderlo.

—O lo hemos encendido juntas —corrigió Concha, con una sonrisa que iluminó su rostro cansado—. Solo es el principio.